Mortalidad infantil a mediados del XIX
Esta entrada, por luctuosa, nos recuerda algunas condiciones de vida de
hace apenas 160 años en nuestro pueblo. Como en la mayoría de las poblaciones
rurales de mediados del XIX la mortalidad infantil es muy elevada,
característica de las sociedades preindustriales. Las causas, aunque variadas,
no son por ello menos penosas.
La falta de una higiene básica y moderna.
Una alimentación escasa y deficitaria.
Una medicina aún precaria.
Un sistema de protección y cobertura social casi
nulo, basado en el apoyo familiar, y en menor medida en la caridad religiosa.
Sabemos que la natalidad es muy alta, pero que la mortalidad es
igualmente elevada.
En esta entrada voy a recoger y comentar datos de mediados del XIX,
décadas arriba y abajo, con especial atención de la mortalidad infantil.
El número de fallecidos adultos, incluyendo a los niños de 7 años para
arriba, se anotan en los libros de difuntos, de forma seguida, año a año,
partida por partida. Sin embargo, los menores de 7 años considerados “párvulos”
se anotan en listados al final del libro correspondiente. Con el cambio de
sacerdote, y dependiendo de las necesidades de anotación, se forman grupos de
anotaciones por años que resultan a veces poco claros.
La evolución de estas anotaciones ha sido, primero haciendo una relación
nominal de párvulo con indicación del padre y/o la madre.
Más tarde se añade la indicación del lugar, para cobrar el mayordomo de la
iglesia la cuantía correspondiente. Si el niño o niña no es un recién nacido o
de pocos meses, se pone el nombre.
En fechas posteriores se empiezan a anotar separados por meses y con fecha.
Esto nos permite hacer un cálculo de los meses más nefastos.
En algún periodo más tardío se anota la edad que puede variar entre
prematuro, al nacer, de días… hasta casi los 7 años. Es en esta época cuando se
indica además por indicación facultativa del médico la causa de la muerte.
Empezamos con los datos de defunciones infantiles entre 1821 y 1851. Los años del 20 están aún marcados por la reconstrucción del pueblo, con unas condiciones de vida si no precarias, sí con dificultades para parte de la población. La llegada de personas jóvenes para trabajar en la adecuación de viviendas, materiales y campos, impulsa un progresivo aumento de población y aumento jóvenes que se vería reflejado en los años 40 y 50, como ya veremos. Igualmente se revierte la sangría demográfica se sufrió el pueblo ante la pérdida de alojamientos. Muchos habían regresado a esas fechas. Pensemos que en el censo de 1829 hay 200 vecinos (unidades familiares) con 803 personas en total.
Destaca por lo excepcional 1840 con tan sólo 4 defunciones. En oposición
hay “picos” que rondan los 30: 1825, 1828, 1832, 1848 y 1849. En 1851 se
dispara esa cifra hasta alcanzar los 44 párvulos fallecidos. Aunque la
población había aumentado a mediados de siglo, la pérdida de 44 menores en un
año, o 124 en los cuatro años (1848 a 1851) son demasiados, independientemente
del grado emocional que supone.
Por los listados de padres de esos pequeños sabemos que este problema
afectaba casi por igual a los recién nacidos, fueran de una u otra familia,
aunque con el matiz de que un medio con más recursos siempre tendría un plus de
garantía de supervivencia. La conclusión es que las condiciones generales eran
muy malas: salubridad, higiene, enfermedades…
Para estas fechas sabemos además el mes del fallecimiento. Teniendo en
cuenta esto podemos decir que:
1.
La mortalidad en general es alta en todos los meses de año. Todos los meses
tienen un peso en el conjunto. Aunque destaca lógicamente agosto.
·
Hay una cierta estacionalidad que incrementa los casos. Arranca en julio y
concluye en noviembre. Este aumento resulta llamativo por el aumento de casos
puntuales en algunos años, pero que en el conjunto de las tres décadas definen
esa tendencia en la segunda mitad del verano y casi la totalidad del otoño,
“normalizándose” en los meses posteriores.
Si tomamos los datos de párvulos difuntos para el periodo 1856 a 1864, (9 años, 293 fallecidos) vemos un incremento enorme de la mortalidad infantil. Frente a la media de 19,03 fallecidos anuales, en estas fechas un poco posteriores se dispara a 32,55.
Podríamos preguntarnos, ¿qué ha pasado? ¿por qué este incremento?
Posiblemente las condiciones no habrían cambiado mucho. El elemento que
salta a la vista es el incremento de población, de rejuvenecimiento
demográfico, con el aumento proporcional de fallecidos.
En el gráfico de este periodo se pone aún más de manifiesto la
estacionalidad. Coincide con la anterior en que los casos se concentran desde
julio a noviembre. Pero aquí hay un fuerte incremento en septiembre.

Hemos de decir que el verano no era propicio para las criaturas.
Especialmente recién nacidos y bebés de meses.
Si tenemos en cuenta la edad de los párvulos anotados nos muestra con toda
claridad que era en ese tiempo del primer año cuando caían la mayoría.
Sobre un 45 % de los párvulos fallecidos lo hace en el primer año (y dentro de estos la mayoría con escasos días). El 27 % sin alcanzar los dos años. Esta tendencia se minimiza cuando los niños van creciendo, y se hace infrecuente entre los 5 y 7 años.
Como conclusión se puede deducir que:
·
En el XIX, en el primer cuarto de siglo como consecuencia de la quema de
Jerte hay un retroceso demográfico fuerte.
·
Se supera en las siguientes décadas, notándose un fuerte incremento ya a
mediados de siglo.
·
Las condiciones de vida marcan claramente la mortalidad infantil, que
presenta una tendencia estacional alrededor del verano y posteriormente.
·
La mayoría de niños que fallecen lo hacen en el primer año.
Las causas que indica el médico se analizan en una entrada
próxima.






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